Periódico QuienOpina – Las inclinaciones Nazis de algunos aliados de Trump

Las inclinaciones Nazis de algunos aliados de Trump

bruce noviembre 25, 2016 Comentarios desactivados en Las inclinaciones Nazis de algunos aliados de Trump
Las inclinaciones Nazis de algunos aliados de Trump

“¡Heil Trump! ¡Heil a nuestro pueblo!”, y una serie de brazos se alzaron tiesos, imitando el saludo nazi. No ocurrió en un sótano perdido de la América rural, sino en el Edificio Ronald Reagan de Washington, un coloso neoclásico a 800 metros de la Casa Blanca. El National Policy Institute celebraba la victoria de Donald Trump con una cena trufada de racismo.

“Ser blanco es ser un luchador, un cruzado, un explorador y un conquistador”, declaró su presidente, Richard Spencer, en el discurso de cierre. “América era hasta esta última generación un país blanco diseñado para nosotros y nuestra posteridad. Es nuestra creación, es nuestra herencia y nos pertenece”.

Richard Spencer, de 38 años, es un apólogo de la supremacía blanca, aunque él rechaza el término. “No, no me considero racista, ni nazi, ni supremacista blanco”, dice por teléfono a El Confidencial. “Son términos insultantes que la gente usa para describir a personas que detestan. Nacionalista no es un mal término; me gusta el término ‘identitario’ y ‘alt-right’. La identidad está en el corazón de lo que hago”.

A día de hoy 27 países, incluido el Reino Unido, le han prohibido la entrada. Twitter ha cancelado su cuenta y la cuenta del National Policy Institute, lo que él considera una “noche de los cuchillos largos digital”, por seguir con las referencias al nazismo.

Spencer acuñó el término “alt-right” o “derecha alternativa”: una etiquetamarginal hasta que llegó 2016 y los extremos políticos tomaron el escenario. Hoy es un concepto clave para entender el éxito del mensaje nacionalista y divisivo que, en parte, dio el poder a Donald Trump. “Espero que parte de las energías que ha despertado la campaña de Trump empiecen a formar un nuevo tipo de política identitaria”, dice Spencer.

Marcando distancias

Horas antes de esta conversación, el presidente electo había transmitido su rechazo a la “alt-right” durante una reunión con The New York Times. “Los condeno. Los repudio, y los condeno”, declaró. “No creo que [Donald Trump] sepa lo que signifique el movimiento de la ‘alt-right’”, dice Spencer. “Está reaccionando a vídeos míos diciendo ‘Heil Trump’, no a las ideas alt-right. No sé cuál es su postura, pero la alt-right no es sobre Trump. Si nos gusta, lo apoyaremos, pero nunca nos limitaremos a él”.

Trump los repudió igual que repudió al exlíder del Ku Klux Klan, David Duke, durante la campaña presidencial: días después de recibir su apoyo público, sólo cuando se lo preguntó a quemarropa un periodista. Esta es la gran incógnita que obsesiona a EEUU: si Donald Trump mantendrá su virulencia de campaña o si se hará más “presidencial”.

Spencer describe una América podrida, una “sociedad enferma y asquerosa dominada por los corruptos, derrotada por la histeria, la ebriedad y el autodesprecio”. Un lugar donde el hombre europeo, único garante de la civilización, se ha dejado comer terreno por las minorías y lo fuerte, blanco y bello es considerado feo.

Durante su discurso, Spencer usó varias veces el término “cuck”: una referencia al género porno “cuck” en el que un blanco observa cómo su pareja mantiene relaciones sexuales con un negro. Es una forma de llamar impotentes a los blancos que no hacen nada para mantener su amor propio frente a la invasión de las minorías. Los conservadores que denuncian las ideas supremacistas son llamados “cuckservadores”.

El antídoto es una redención wagneriana, imprecisa, de estatuas inmortales y hazañas gloriosas. Spencer dice que sueña con resucitar el imperio romano y se refiere a Trump como “Dios Emperador”. Llama a los blancos “hijos del sol” y su ideal es crear un “etnoestado” para los americanos europeos. Aunque no especifica cómo.

“El etnoestado es un gran ideal que probablemente se dará después del colapso de Estados Unidos. No puedo predecir los detalles, pero creo que EEUU está pasando por un periodo de fragmentación y división, o quizás de guerra civil”, declara. “Lo que me gustaría ver, que sea factible en diez años, esuna política identitaria para los europeos en América. La política identitaria empieza con la pregunta de ‘quiénes somos’. Cuando un político negro habla de economía o política social, lo primero que dice es ‘esto es bueno para nosotros’. Piensan así. Eso es lo que quiero para los blancos”.

Estas ideas fueron discutidas el sábado bajo la bóveda del edificio Reagan, paradójicamente dedicado a la globalización y el comercio internacional. El National Policy Institute, fundado en 2005, es otro think tank que denuncia el supuesto asedio al que se enfrenta la raza blanca; su “desposesión” a manos de las minorías. Organizaciones como Charles Martel Society, American Renaissance o The Occidental Quarterly dicen no ser racistas, sino “racialistas”, o “realistas raciales”: argumentan que el color de piel y la inteligencia están relacionados y hacen malabares para defender una “limpieza étnica pacífica” sin recordar al Ku Klux Klan o al nazismo.

Uno de los participantes del evento fue Kevin MacDonald, antiguo profesor de psicología de la Universidad Estatal de California. MacDonald dedicó su carrera a intentar probar que los judíos han desarrollado una ventaja evolutivapara competir por los recursos. Según su teoría, los judíos serían verbalmente más inteligentes y más hábiles para negociar. Su universidad se desvinculó oficialmente de MacDonald en 2008.

También habló Peter Brimelow, nacido en el Reino Unido. Brimelow es un crítico feroz de la inmigración. O, mejor dicho, de la inmigración de color. “La ley de 1965 estranguló la inmigración de las fuentes tradicionales, concretamente Europa, y permitió a un pequeño número de países del tercer mundo capturar el flujo. Por encima de todos, México”, escribió en la web extremista Vdare.com.

Pero fue el discurso de Spencer el que logró lo atención de la prensa mayoritaria a la que detesta. Se refirió a los periodistas como “golems sin alma animados por un poder oscuro”, en referencia a un personaje de fábula judía, y les llamó ‘lügenpresse’, “mentirosa prensa”, el término usado por el Tercer Reich. La victoria de Trump es “la victoria de la voluntad”, como la película propagandística más icónica del nazismo, y para cerrar exclamó “Heil Trump” con el vaso en alto. Siguieron los saludos nazis.

“Un puñado de gente hizo el saludo nazi, sí”, reconoce Spencer. “Ocurrió en un espíritu de exuberancia, ironía y diversión. Cuando dije ‘Heil Trump’, estaba elogiando a Trump, estaba extremadamente entusiasmado por su victoria. Dicho esto, no estaba jurando lealtad, ni diciendo que es nuestro líder divino ni nada así. Estoy dispuesto a criticar a Donald Trump. No me tiene completamente en el bolsillo”.