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Colaborador de Trump tiene un segundo hobby, La fusión nuclear

bruce noviembre 23, 2016 Comentarios desactivados en Colaborador de Trump tiene un segundo hobby, La fusión nuclear
Colaborador de Trump tiene un segundo hobby, La fusión nuclear

El presidente electo estadounidense, Donald Trump, enfureció a los defensores de la energía limpia haciendo falsas declaraciones sobre el cambio climático y prometiendo ampliar la exploración en el área de los combustibles fósiles -una política que exacerbaría aún más la amenaza existencial que él ha calificado de engaño chino. ¿No sería irónico que alguien que cuenta con toda la confianza de Trump haya hecho una apuesta a limpiar la tecnología energética de una vez por todas?

La fusión nuclear, que emplearía la potencia del sol sin todas las consecuencias desagradables, es un intento improbable –política, financiera y tecnológicamente. Pese a la relativa ambivalencia de la administración Obama respecto de la fusión, la investigación ha continuado rápidamente tanto a nivel internacional como en el sector público y privado estadounidense. Al frente de este grupo hay capitalistas de riesgo como Peter Thiel, el multimillonario de Silicon Valley que habló en la Convención Nacional Republicana de 2016 y está trabajando, dicen, en el equipo de transición de Trump. Ha financiado una empresa emergente en el área de la fusión llamada Helion Energy a través de su Mithril Capital Management para alcanzar el sueño supremo de los ecologistas del mundo entero.

Thiel ha defendido públicamente la fisión, la forma de energía nuclear comercial. El año pasado, escribió un artículo de opinión en el New York Times lamentando lo que describió como una tecnología energética funcional, segura y limpia que quedó “congelada en el tiempo”, particularmente luego del accidente nuclear de Three-Mile Island a fines de los años 1970. Más de 100 centrales nucleares fueron clausuradas a lo largo de los años. “Si hubiéramos seguido construyendo, hace años que nuestra red eléctrica estaría libre de carbón”, escribió.

La fusión, por su parte, siempre atrajo a los futuristas de la energía. Para ellos es el tema perfecto, ya que se encuentra a “30 años de distancia” desde hace al menos cuatro decenios. En tanto la fisión produce energía dividiendo los átomos de uranio o plutonio, la fusión eliminaría las emisiones de dióxido de carbono que calientan el planeta si los científicos pudieran solamente emplear su potencia en forma controlada. Dicha tecnología no produciría desechos radiactivos de larga duración y a diferencia del sol, que se pone, o el viento, que amaina, la fusión no necesitaría un respaldo de baterías. Funcionaría todo el tiempo.

El mundo invierte casi US$2 billones en energía cada año, pero apenas cientos de millones de dólares en investigación y desarrollo sobre la fusión, según Tom Jarboe, profesor adjunto de física en la Universidad de Washington que estudia la fusión controlada. La inversión mundial en el tema es “una miseria”, dice, señalando el favoritismo del presidente Barack Obama por el viento y la energía solar antes que la fusión en materia de energía limpia.

Pero la promesa tentadora de una solución a todos nuestros problemas de contaminación ha hecho que los inversores siguieran invirtiendo y los investigadores investigando, pese a la desventaja debilitante de la fusión: no hemos podido hacerla funcionar.

La razón por la cual todos siguen adelante es la ventaja enorme de tener energía ilimitada, limpia y segura. Los estudios a lo largo de la última generación comprobaron que la energía a partir de fusión ofrece un “coeficiente de retorno energético” favorable –una medición de la producción útil de una central teorética, en comparación con la energía necesaria para construirla y operarla. Un estudio realizado en 1998 por investigadores de la Universidad de Wisconsin, Madison (que desde entonces es citado comúnmente) estableció que el coeficiente de retorno energético de la fusión supera el de la fisión, el carbón y la energía eólica. (Un trabajo de investigación realizado en 2006 constató que el viento tiene un coeficiente más alto, y en 2012, la Agencia Internacional de Energía comprobó que la hidroelectricidad encabeza la lista).