Diario QuienOpina.Com – ¿Puede el Congreso cambiar la política de Obama con Cuba?

¿Puede el Congreso cambiar la política de Obama con Cuba?

bruce diciembre 18, 2014 Comentarios desactivados en ¿Puede el Congreso cambiar la política de Obama con Cuba?
¿Puede el Congreso cambiar la política de Obama con Cuba?

El histórico giro en las relaciones de Estados Unidos con Cuba, anunciadas por el presidente Barack Obama, modifican de modo notable el escenario en el que se realizaban las relaciones de ambos países y, también, el que colocaba a la ‘cuestión cubana’ en el ojo político-electoral de Florida, un estado clave y oscilante en la definición de los comicios presidenciales.

Aunque las implicaciones serán presumiblemente profundas, en lo inmediato el cambio se centra en el restablecimiento de relaciones diplomáticas normales entre ambos países y en una serie de medidas y concesiones mutuas, una suerte de camino intermedio entre la dureza y la intransigencia preconizada por los anticastristas más acérrimos, los políticos que han abrevado del poder electoral de ese grupo y los que aún mantienen actitudes de tiempos de la guerra fría, que claman que el giro en la actitud estadounidense debe incluir obligatoriamente un cambio sustantivo de régimen en Cuba, y, por el otro lado, los que preconizan una apertura más unilateral y amplia por parte de Estados Unidos, con ciertas precondiciones, pero que implica y acepta la continuidad e interlocución del gobierno cubano.

Pero el anuncio de Obama y las medidas decretadas por él enfrentan rechazos y avances mayores, y podrían no ser de fácil aplicación o, incluso, quedar frenadas en el Congreso.

El primer asunto clave es que, según analistas, sólo el Congreso puede levantar por completo el embargo estadounidense que pesa sobre Cuba desde 1961. Según indicó un editorial de ‘The New York Times’, Obama no puede ir más allá de lo que actualmente ha realizado por las regulaciones de una ley de 1996 que impuso sanciones a Cuba en aras de lograr un cambio de régimen en la Isla.

Pero la normalización de las relaciones diplomáticas y la reapertura de embajadas son pasos que Obama puede dar libremente, si bien el asunto de la ratificación senatorial de la persona que sea designada al cargo de embajador en Cuba enfrentará severos escollos. Por lo que comentó el senador republicano por la Florida Marco Rubio a la cadena CNN, esa ratificación tendrá que superar tremendos obstáculos, incluso si el asunto se abordara durante el presente periodo de ‘lame duck’ cuando el Partido Demócrata aún tiene mayoría en el Senado. En enero, con una mayoría republicana en ambas cámaras, el asunto podría ser aún más arduo.

Por otro lado, hay republicanos que consideran que el Presidente se ha excedido en sus atribuciones, como es el caso del exgobernador de Florida y potencial candidato presidencial Jeb Bush. Y Rubio ha señalado que no hay apoyo en el Congreso para una eventual petición de levantar el embargo.

Con todo, no sería exacto suponer que la decisión de Obama tiene el aval incondicional de los demócratas y el repudio general de los republicanos. Por el contrario, salvo en el caso de los legisladores de Florida de ambos partidos, para quienes el sentir y la influencia de los votantes de origen cubano es  crucial para su supervivencia política, habría cierto soporte bipartidista para las medidas anunciadas por Obama, si bien es cierto que el ánimo de los republicanos es de extrema cautela, en contraste con la actitud celebratoria de numerosos demócratas. En cambio, el senador demócrata Bob Menéndez criticó severamente a Obama por haber liberado espías cubanos a cambio de la vuelta a EEUU del contratista Alan Gross y de un oficial de inteligencia estadounidense, que estaba presos en la isla.

Pero dado que en las decisiones tomadas habrían tenido participación, o al menos conocimiento previo, algunos legisladores de ambos partidos, más el propio cálculo de la Casa Blanca, se entiende que todas ellas caen dentro del marco de las facultades presidenciales y no podrían ser objetadas por el Congreso, al menos por ahora, sin una legislación nueva y específica, lo que resulta poco probable en el corto plazo. Incluso en sus críticas, Rubio ha comentado reiteradamente que considera un error las concesiones hechas por Obama al gobierno cubano, pero al menos en los primeros momentos su foco se concentró en ese ‘error’ y no en cuestionar la autoridad presidencial para cometerlo.

Un punto que podría causar especial tensión es el retiro de Cuba de la lista de estados que impulsan el terrorismo, pues desde la derecha se escucharán, es de suponer, voces que hablan de derrota y rendición y buscarán ligar el asunto con otros, de distinta naturaleza, como la lucha contra el Estado Islámico o Al Qaeda.

En cambio, la liberalización limitada del envío de dinero a la isla, del comercio binacional y los intercambios bancarios y de los viajes estaría dentro del rango de sus atribuciones, en el marco de los Departamentos del Tesoro y de Comercio. Al menos eso es lo que se cree en la administración de Obama, y por ello se tuvo la confianza de dar el gran paso.

Sea como sea, un cambio que muchos políticos y empresarios de todos los colores seguramente valorarán es que, ahora, podrán dar rienda suelta a su pasión clandestina por los puros cubanos, pues al parecer será posible que quien vuelva de Cuba a Estados Unidos traiga consigo hasta $100 en habanos.

Y si bien la flexibilización estadounidense hacia Cuba podría tener efectos potencialmente positivos para el pueblo cubano, el paso de Obama tiene mucho de pragmático (para comenzar a abrir mayor espacio a los intereses estadounidenses).

Y tampoco es de esperar un cambio súbito en lo político dentro de la isla. Es de suponer que el régimen cubano ha comprendido que también debe adaptarse a los nuevos entornos y ha preferido ser él mismo quien encabece o conduzca esas transformaciones en lugar de, por el contrario, ser el que sufra su embate incontrolado.

Digamos que ambos países decidieron terminar el pasado partido, y empezar un juego nuevo con un ligero cambio de reglas.