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Manoseo en el transporte público, un abuso continental

bruce diciembre 15, 2014 Comentarios desactivados en Manoseo en el transporte público, un abuso continental
Manoseo en el transporte público, un abuso continental

En los atiborrados autobuses de las grandes ciudades de América Latina, manos de hombres sin escrúpulos humillan a millones de mujeres. Aunque los roces o el exhibicionismo no concluyan en violación sexual, esos gestos machistas dejan en las víctimas un angustioso sentimiento de impotencia. Muchas no denuncian el hecho. Conocen la indiferencia colectiva y desconfían de las autoridades.

En los últimos años esa impunidad ha perdido poder en algunos países. Los buses o vagones del metro solo para mujeres han surgido como la solución más efectiva. Sin embargo, esta separación artificial entre pasajeros no ataca el origen de la violencia de género. En las calles los depredadores aún creen que pueden gozar furtivamente del cuerpo ajeno sin ser castigados.

Bogotá a la caza del toqueteo

Las colombianas que usan el sistema de buses TransMilenio son las víctimas predilectas de los manoseadores. Una reciente encuesta de la Cámara de Comercio de Bogotá reveló que el 83 por ciento de los usuarios consideran ese medio de transporte inseguro por razones como los atracos y la presencia de delincuentes. Solo el seis por ciento mencionó el abuso sexual hacia las mujeres.

Sin embargo la capital colombiana clasificó como la peor para las féminas que se trasladan de noche, en un sondeo publicado en octubre por la Fundación Thomson Reuters. La investigación incluyó 15 de las metrópolis más grandes del planeta, entre ellas la ciudad de México y Lima.

Las autoridades bogotanas implementaron en marzo pasado autobuses exclusivos para mujeres. Esa medida preventiva abarca tres rutas. Luego la policía local desplegó el “Grupo Elite TransMilenio”, encargado de arrestar a los violadores. El equipo, integrado en parte por muchachas, actúa de manera encubierta. La medida aspira a estimular a las víctimas a que denuncien a quienes se aprovechan del hacinamiento en los ómnibus para disimular sus intenciones sexuales.

Pero la detención de los abusadores enfrenta dos grandes obstáculos para ser totalmente efectiva. En primer lugar la percepción social sobre el manoseo. El 15 por ciento de las mujeres y el 24 por ciento de los hombres encuestados en marzo no consideraban los toqueteos como un delito. La aceptación del exhibicionismo era aún mayor.

Por otra parte, los manoseadores saben que su infracción no se pena con la prisión y aprovechan esa impunidad. Eso podría cambiar en un futuro cercano si el Congreso colombiano aprueba un proyecto de ley que crearía el delito de Acoso sexual en el transporte público. La legislación, radicada en octubre, contempla sanciones de hasta seis años de cárcel.

Un problema latinoamericano

No sorprende que otras ciudades del continente hayan aplicado antes medidas similares. El machismo reinante en la región perpetúa la violencia sexual. El sentimiento de omnipotencia detrás el feminicidio es esencialmente el mismo que empuja a un hombre a palpar el cuerpo de una mujer desconocida o a mostrarle sus genitales mientras se masturba.

En la ciudad de México funciona desde 2008 el Programa Atenea, un servicio exclusivo para mujeres de la Red de Transporte de Pasajeros. Un centenar de autobuses cubre 51 de las rutas regulares en la capital mexicana. Desde su creación alrededor de 50 millones de usuarias se han beneficiado de este medio de transportación seguro.

En Río de Janeiro el metro y los trenes urbanos cuentan desde 2006 con vagones de acceso único para clientas durante las horas de mayor movimiento. Un proyecto similar propuesto en Sao Paulo fue vetado en agosto por el gobernador de este estado brasileño, Geraldo Alckim. El político contó con el respaldo de grupos feministas que califican esa solución de segregacionista e insuficiente para erradicar la violencia de género en el transporte colectivo.

Desde 2011 la capital de Guatemala también dispone de varias rutas con autobuses que solo aceptan mujeres y niños durante el período de mayor afluencia. Como en las otras urbes mencionadas, la restricción respondió a los frecuentes casos de violaciones y acoso sexual.