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La psicología de la rivalidad fraternal

bruce diciembre 17, 2014 Comentarios desactivados en La psicología de la rivalidad fraternal
La psicología de la rivalidad fraternal

Al principio de la película “Éxodo: Dioses y Reyes” vemos a Moisés y Ramsés (los dos hijos del faraón de Egipto) luchando juntos contra una horda de bribones. El escenario está puesto para una historia de amistad y amor fraternal.

Excepto, claro está, que no fue así como sucedieron las cosas. Moisés fue adoptado por el faraón y la complicada relación entre el futuro héroe bíblico y su hermano egipcio se desintegró, trayendo consigo la plaga, la rebelión de las masas y la separación de las aguas de cierto mar.

Uno de los principales problemas que tuvieron Moisés y Ramsés es que fueron hermanos. En un estudio que realizaron Brian Sutton-Smith y B.G. Rosenberg en 1970, llamado “Los hermanos”, encontraron que la rivalidad fraterna es particularmente fuerte entre hermanos varones, especialmente si son casi de la misma edad. En 1968 la investigación de Bert Adams arrojó que existe más competencia y celos entre dos niños varones.

¿Por qué? Seguramente ellos deberían amarse y respetarse y celebrar los logros del hermano, ¿esto es independiente del género? No lo es si se tiene una percepción de destronamiento, como lo dijo Alfred Adler en 1959. Este es exactamente el caso en “Éxodo: Dioses y Reyes”, Ramsés es el hijo biológico y el heredero por derecho, pero su padre tiene preferencia por Moisés, a quien ve como un mejor hombre, alguien más majestuoso. Cualquier hermano o hermana mayor que haya sido levemente ignorado(a) cuando viene el hermano o hermana menor, sabrá lo que se siente.

Te dará gusto saber que la intensa rivalidad fraterna no se da por sentado. El psicólogo de la Universidad de Purdue, Victor Cicirelli encuestó en 1981 a un grupo de adultos de mediana edad ysolo el 2% dijo que envidiaba a sus hermanos con frecuencia, mientras que un 93% rara vez lo hizo.

Tratándose de los niveles que experimentaron Ramsés y Moisés (el primero decide asesinar al segundo, alentado de forma aterradora por su madre), la rivalidad fraterna puede ser cruel, indiscutible y decepcionante para el resto de la familia. Izzy Kalman escribe en Psychology Today acerca del uso erróneo del término “rivalidad”, el cual considera que se puede tratar demasiado a la ligera. Ella sugiere que como los hermanos discuten, entonces los padres y los científicos sociales lo llaman rivalidad y lo ignoran.

Ella sostiene que todo lo relacionado con lo que usualmente llamamos rivalidad fraterna no es sano y los padres necesitan cortarlo de raíz. Después de todo, si tu hijo sufriera diariamente de acoso y fuera molestado por otro niño en la escuela, ¿no harías algo al respecto? ¿Por qué debería ser diferente si quien lo molesta a diario es el hermano o la hermana de tu hijo?

Puede ser “normal” que los hermanos se peleen por utilizar el Xbox o por decidir qué programa de televisión van a ver, pero si no se tiene el cuidado suficiente, esto puede crecer y en algunos casos, durar toda la vida.

Un estudio realizado en 2012 por científicos de la Universidad de Misuri, publicado en el Child Development Journal, precisa que los padres deben estar al pendiente de los conflictos y diseñar un programa para asegurar que todos los hijos de la familia tengan la misma importancia en casa. De otra forma, dice el estudio, los niños estarán propensos a sufrir depresión y ansiedad posteriormente en su vida.

Nicole Campione-Barr comentó a The Daily Mail: “Nuestros resultados muestran que los conflictos relacionados con la invasión del espacio personal y la propiedad están asociados con una mayor ansiedad y una baja autoestima que se manifiesta después de un año. Los conflictos sobre equidad e imparcialidad se relacionan con depresiones más fuertes después de un año”.

Esta responsabilidad parental puede ser complicada, y no porque no amen a todos sus hijos por igual, sino porque, como afirma Victor Cicirelli, los niños dentro de una familia “pueden recibir de los padres un trato cualitativamente diferente”. En otras palabras, un tercer hijo no recibirá naturalmente tanta atención cuando es un bebé como su hermano o hermana mayor, solo por cuestiones de tiempo. La hija mayor seguramente estará en la escuela cuando nazca su hermanita, lo que significará que será tratada como adulto, lo que sería diferente si fuera hija única. Cicirelli comenta: “desde el momento en que nace, un niño será tratado diferente por los padres y los demás, dependiendo del lugar que ocupe en el orden de nacimiento”.

Estas relaciones inevitablemente cambian con el tiempo. La batalla por el Playstation no será tan intensa cuando los hermanos tengan su propio iPhone, y cuando lleguen a la pubertad, la cercanía se podrá intensificar al tratarse de temas sexuales; ellos no querrán preguntar a mamá o papá cómo besuquear a una chica, pero seguramente no les importará preguntarle a su hermano.