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La negra huella de los cruceros en nuestro planeta

bruce diciembre 22, 2014 Comentarios desactivados en La negra huella de los cruceros en nuestro planeta
La negra huella de los cruceros en nuestro planeta

Como ciudades flotantes surcan los cruceros la mar. En la noche emergen en el horizonte como veloces carrosas de carnaval, las luces definen su silueta y la música distante confirma las vacaciones a bordo. Los pasajeros ignoran que bajo la estela del buque las aguas negras contaminan el entorno marino. Las consecuencias de esa polución se sienten también en tierra firme. 

¿Cuánto contamina un crucero?

Los escépticos responderán que se trata de una nueva conjura ecologista para despojarnos de otro viejo divertimento. Las estadísticas oficiales, en cambio, respaldan la alarma de los ambientalistas.

La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) calcula que un crucero de 3.000 pasajeros vierte 150.000 galones (unos 567.000 litros) de aguas residuales –también conocidas como aguas negras—cada semana en el océano. Ese organismo ha estimado que, como promedio, un barco de este tipo emite en un día más dióxido de azufre que 13 millones de automóviles y más hollín que un millón de vehículos. El dióxido de azufre es uno de los principales culpables de las lluvias ácidas.

Además, una nave similar a la del ejemplo anterior produce diariamente 450.000 galones de “aguas grises”—provenientes de fregaderos, lavaderos, cocinas y duchas—, 4.000 galones de aguas de sentina –cargadas de aceites y otros químicos—y 19 toneladas de desechos sólidos. La mayoría se expulsa a la mar.

En teoría el océano es capaz de absorber naturalmente esas descargas de desperdicios. Al menos eso se creía décadas atrás, cuando la industria aún incluía unas pocas decenas de buques. Hoy la flota internacional ronda los 170 cruceros en activo alrededor del planeta.

Las aguas negras incrementan los niveles de nitrógeno, que aprovechan algunas especies dañinas de algas. Estas contribuyen a la reducción del oxígeno disponible para mariscos, corales y peces. Por otra parte, si no se tratan adecuadamente, estos residuos pueden contaminar especies marinas que forman parte de nuestra dieta. Un boomerang cuya víctima –de diarrea, hepatitis, enfermedades respiratorias y otras—probablemente nunca estuvo a bordo.

Los cruceros han pagado enormes multas en Estados Unidos por arrojar productos químicos utilizados en los laboratorios de fotografía, disolventes de limpieza y restos de pintura. La incineración de la basura en alta mar genera cenizas que terminan contaminando los mares, arrastradas por la lluvia.

Desechos legales

Sin embargo, las operaciones de vertimiento de residuos en los océanos son totalmente legales. De acuerdo con el Anexo IV del Convenio Internacional para prevenir la contaminación por los Buques (MARPOL), la descarga de aguas negras está prohibida a menos de tres millas náuticas de la costa, salvo si estos residuos han sido tratados.

En el caso de los desperdicios que no son reducidos o desinfectados, estos deben depositarse a más de 12 millas náuticas de la tierra más cercana. El problema, apuntan los grupos ecologistas, es que a partir de las tres millas los servicios de guardacostas ejercen poco o ningún control sobre los cruceros. Entonces, todo depende de la buena conciencia de las compañías y en última instancia de las tripulaciones.

La presunta inocencia de las compañías

Las empresas de cruceros se han enemistado con los ambientalistas. El más reciente reporte Cruise Ship Report Card, de la organización Amigos de la Tierra (FOE) no contó con la colaboración de las principales representantes del sector. El documento las evalúa sobre la base de cuatro factores: la tecnología de tratamiento de residuales, la reducción de la contaminación atmosférica, el cumplimiento de los estándares para reducir la contaminación de las aguas en Alaska y la transparencia. Este año la nota más alta, C+, la recibió Disney.

Pero las compañías rechazan las críticas. La Cruise Lines International Association, la mayor agrupación de su tipo en el mundo, ha declarado que los señalamientos de FOE son engañosos y arbitrarios. Según su vocero, David Peikin, la industria cumple con creces las regulaciones ambientales en materia de tratamiento de residuales y polución del aire.

Es difícil creer en esta afirmación. De hecho, aún el 40 por ciento de los cruceros emplea tecnologías obsoletas de procesamiento de aguas negras. La historia reciente de violaciones tampoco estimula la confianza. Apenas en 2009 una docena de barcos violaron los protocolos de vertimiento vigentes en las aguas de Alaska. Esta región estadounidense acumula una extensa lista de multas pendientes por infracciones similares.