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El estudio científico que habla pésimo de los hombres

bruce diciembre 22, 2014 Comentarios desactivados en El estudio científico que habla pésimo de los hombres
El estudio científico que habla pésimo de los hombres

En cualquier sección de Urgencias del hospital más cercano podrán confirmarte un hecho que se repite en todo el globo: las diferencias por sexo en cuestión de comportamientos relacionados con actividades que impliquen búsqueda de riesgo son notables y están bien documentadas. En efecto, los varones tienen una probabilidad mayor que las féminas de ingresar en urgencias por heridas accidentales, lesiones deportivas e incluso por accidentes de tráfico mortales.

¿Se apreciará la misma diferencia entre hombres y mujeres si se investigan comportamientos de riesgo relacionados con la estupidez? Un grupo de científicos británicos, han decidido poner a prueba su Teoría del Macho Idiota, que defiende que muchas de las diferencias entre sexos en relación a comportamientos de búsqueda de riesgo podrían explicarse por esta observación: “los hombres son idiotas, y los idiotas hacen cosas estúpidas”.

Antes de que la ira os domine y os sintáis insultados por lo leído en el párrafo anterior, vosotros que como yo sois hombres, debéis saber que este estudio no es del todo “serio”. Cada año, la prestigiosa revista médica British Medical Journey publica un especial de Navidad en el que figuran artículos que, a pesar de ser en esencia artículos rigurosos que cumplen los estándares de calidad de la revista, figuran en el número por su capacidad de provocar hilaridad.

Para realizar este estudio sobre comportamientos estúpidos, por ejemplo, se han apoyado en la casuística recogida por los Premios Darwin a lo largo de los últimos 20 años, Estos galardones,premian a los individuos cuyas acciones les hayan valido desaparecer del acervo genético mundial de la manera más ridícula posible. Para poder participar hay pues dos soluciones: morir (en cuyo caso te dan el premio a título póstumo) o provocarse la esterilización.

Entre los candidatos está el hombre que por ahorrarse el billete de tren de vuelta a casa, robó un carrito de la compra se introdujo en él y lo ató a la parte trasera del último vagón. Murió tras ser arrastrado dos millas antes de que el tren pudiera detenerse. Otro caso notable es el del terroristaque envió una carta bomba sin haber pagado la cantidad correcta de sellos. Cuando los operarios de correos le devolvieron el paquete (señal de que había incluido el remite) el hombre lo abrió y voló por los aires.

De las 413 nominaciones totales al premio Darwin con las que se inició el estudio sobre la teoría del hombre idiota, se verificó y confirmó la autenticidad de 332 casos gracias a la colaboración del propio comité de los galardones. Entre ellos, había además 14 casos en los que la nominación se compartía por hombres y mujeres (normalmente parejas a los que les gustaba practicar el sexo en posturas “comprometedoras”) que obviamente fueron descartados. Así pues, el trabajo de investigación se centró a nivel estadístico en un total de 318 casos.

De esta muestra de 318 nominados a los Premios Darwin, el total correspondiente al sexo masculino ascendió a 282 (un 88,7%), dejando el número de mujeres ganadoras en 36, lo cual según los autores del estudio muestra: “una diferencia entre sexos altamente significativa”.

En base a estas cifras, el estudio concluye que los datos son “enteramente consistentes con la “Teoría del Macho Idiota”, lo cual ciertamente apoya la hipótesis que sostiene que los hombres son idiotas, y que los idiotas hacen cosas estúpidas.

Sin embargo, el estudio tiene sus limitaciones. Los autores sostienen por ejemplo que las mujeres pueden ser más proclives a inscribir o votar a los candidatos masculinos, o que muchas veces los resultados dependen de la ingesta de alcohol, en la que también existen diferencias por sexo.

A pesar de este posible sesgo, el hecho de que los hombres estén dispuestos a tomar tantos riesgos innecesarios es desconcertante, para los autores, esto podría deberse a “la búsqueda de estima social masculina, o a la necesidad de fanfarronear”.

Como en cualquier otro estudio “serio”, los autores de esta broma navideña creen que para probar la teoría va a hacer falta seguir realizando investigación. Además, creen que la temporada de fiestas que se nos viene encima, podría ser un momento propicio para seguir recogiendo datos sobre “hombres y mujeres, con o sin alcohol, en un entorno de apariencia semi-natural de Fiestas de Navidad”.

He dedicado algo de tiempo a leer el estudio completo, y la verdad es que no he podido evitar reírme de lo lindo. En él se mencionan algunos casos de muerte especialmente “idiotas”. En lo relativo al apartado del alcohol, por ejemplo, se relata el caso de tres amigos que jugaron en un bar a una variación del juego de la ruleta rusa consistente en beber tragos por turnos, y saltar sobre una vieja mina no explotada recuperada de un cultivo en Camboya. Finalmente la mina explotó, destrozó el bar y mató a los tres amigos.

Otro de los casos merecedores del premio Darwin recogido en el estudio, habla sobre la incapacidad absoluta para la percepción del peligro que mostraron algunos de los galardonados (en este caso a título póstumo). Se cuenta la historia de un hombre que durante dos días trabajó en la demolición de un edificio de aparcamientos con una mini excavadora, con la cual iba derribando las columnas de soporte. Desde las ventanas de edifico de en frente, donde había varias oficinas, muchos se preguntaban qué plan tenía el operario para derribar las últimas columnas sin que se le viniera todo el bloque encima. ¿Respuesta? Ninguno. El edificio terminó por aplastarle a él y a su mini excavadora.

En fin, os recomiendo que ojeéis la Web de los Premios Darwin, algunas anécdotas son simplemente desternillantes a pesar del transfondo de tragedia. También cuentan con un apartado dedicado aleyendas urbanas, donde a pesar de que la autenticidad de las historias recogidas no es verificable, se les da cancha por ser “narraciones inspiradoras”.

Gracias a este último apartado descubro la historia de de un francés llamado Jacques Lefevrier. Cuando este pobre hombre perdió la esperanza y alegría de vivir decidió suicidarse, para lo cual no optó por un único método sino por cuatro. Ató una cuerda a una gran roca junto a un acantilado y se colocó la soga al cuello. Antes de saltar, se prendió fuego a la ropa y bebió un trago de veneno. Además saltó con una pistola en la mano para volarse los sesos durante la caída. El plan no podía fallar, pero lo hizo.

En el momento de disparar, Jacques erró el tiro, que en vez de descerebrarle rompió limpiamente la cuerda. Sin nada que le rompiera el cuello y dejase su cadáver colgado del acantilado, el francés cayó al mar, que apagó sus ropas. Para más INRI el agua que tragó le hizo vomitar el veneno. La historia cuenta que un pescador que pasaba por allí le rescató vivo y que pudieron llevarlo al hospital, donde finalmente murió de hipotermia.