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La peor atrocidad jamás cometida por un dictador

bruce marzo 11, 2014 Comentarios desactivados en La peor atrocidad jamás cometida por un dictador
La peor atrocidad jamás cometida por un dictador

Nuestro planeta ha contado a lo largo de toda la Historia con una serie de personas que al llegar a los cargos más importantes de sus respectivos países se convirtieron en personajes extravagantes, tiranos o sumamente peculiares.

Las excentricidades de algunos de ellos han dado tanto de sí que se han llegado a escribir centenares de libros, artículos e incluso guiones cinematográficos.

La mayoría de estos personajes, tal y como han llegado al poder, se autonombran con un pomposo título que les haga destacar por encima de los demás, aparte de realizar una serie de actos que dejaba entrever que algo no estaba bien en la cabeza de dicho individuo.

Como es conocido, la gran mayoría han pasado a la posteridad por ser unos dictadores déspotas y llenos de caprichos. Sin ir más lejos en España, el General Franco se autoproclamó ‘Caudillo por la Gracia de Dios’, yendo acompañado a todos lados con una reliquia que contenía la mano incorrupta de Santa Teresa de Jesús.

Pero casos de excentricidades en los mandatarios hay cientos y el que hoy os traigo al Cuaderno de Historias es uno de los que más estragos hizo durante las dos décadas que gobernó su país: Jean-Bédel Bokassa.

Llegó al poder mediante un golpe de Estado que dio el 1 de enero de 1966 en la, por aquel entonces,colonia francesa del Congo , deponiendo al presidente David Dacko y liderando el país como dictador absoluto. Lo curioso del caso es que su golpe fue apoyado desde el gobierno de George Pompidur y posteriormente por el de Valéry Giscard d’Estaing, del que se hizo amigo personal e invitó a su palacio en más de una ocasión.

Este beneplácito desde Versalles facultó a Bokassa para sentirse cada vez más poderoso, lo que lo llevó una década más tarde a autocoronarse como Emperador del Imperio Centroafricano(nombre con el que rebautizó país).

Su coronación la copió milimétricamente a la que había realizado Bonaparte cuando se coronó comoNapoleón I. Bokassa organizó unas fatuas celebraciones llenas de lujo y derroche, mientras la inmensa mayoría de los habitantes del país se estaban muriendo de hambre por culpa de la miseria por la que pasaban.

Una celebración en las que se gastó aproximadamente unos 20 millones de dólares de los años 70 y que era el equivalente a una cuarta parte del PIB del país.

Pero cuanto más poderoso se sentía más crueldad y represión ejercía sobre su pueblo, aniquilando familias enteras tan solo porque uno de sus miembros era opositor al régimen. Lo que también iba en aumento era su excentricidad… se hizo hacer un inodoro de oro macizo en el que se sentaba para realizar sus deposiciones.

El vestuario, capas, corona y toda la parafernalia que tenía también era de lo más extravagante.

A pesar de todos los abusos de poder que ejercía, desde Francia permanecían callados y le dejaban hacer. Giscard d’Estaing de vez en cuando lo visitaba, iban a cazar juntos e incluso recibía algún que otro regalo en forma de diamante.

La buena relación con Bokassa era esencial para los franceses, ya que el Imperio Centroafricano les proporcionaba gratuitamente el uranio que tanta falta les hacía para llevar a cabo su programa nuclear, debido a que en aquella época la Guerra Fría estaba en uno de sus momentos más álgidos.

Hacia finales de los años 70 comenzó a extenderse el rumor que apuntaba al canibalismo del emperador Bokassa y múltiples eran las leyendas que explicaban cómo solicitaba a sus cocineros que le preparasen para comer restos humanos de enemigos que había mandado ejecutar.

Se creó alrededor de este excéntrico mandatario toda una serie de mitos e historias a cuál más increíble, no pudiéndose demostrar la mayoría de ellas, aunque muchas estaban en el boca a boca de los centroafricanos. Tomó a 17 mujeres como esposas, con las que tuvo un total de 55 hijos y su palacio estaba lleno de riquezas y elementos realizados en oro macizo.

La cada vez mayor impopularidad de Bokassa y el hecho de no tener un respaldo internacional sólido, provocó que el gobierno francés tuviese que dejar de prestarle el apoyo incondicional que hasta aquel momento había tenido con él. Pocos eran los que abiertamente sí habían mostrado sus simpatías por el dictador, pero no se trataba de los aliados más adecuados: Videla por parte de Argentina, Ceausescu en Rumanía o Gadaffi por Libia.

Uno de los actos más despreciables realizados por Bokassa fue cuando ordenó asesinar a un centenar de escolares, de entre 8 y 16 años, que se habían negado a vestir un uniforme escolar que él mismo había diseñado. Esto animó a los franceses a intervenir y poner fin a los excesos del dictador.

Mientras estaba visitando Libia en un viaje oficial, el 20 de septiembre de 1979, se dio un golpe de Estado con la ayuda del ejército francés que derrocó al dictador, volviendo a colocar como presidente a David Dacko.

Aunque consiguió huir y apresado, decidió volver al país en 1986 con la intención de presentarse a las elecciones, siendo detenido y juzgado entre otras cosas por asesinato, tiranía y apropiación indebida de grandes sumas de dinero del erario público.

A pesar de que en un principio también constaba la acusación de canibalismo, ésta tuvo que ser retirada por la fiscalía por falta de pruebas concluyentes, quedando como un simple rumor todo aquello que se decía respecto al tema.

Fue condenado a muerte, pero posteriormente se le conmutó la pena por la de cadena perpetua y posteriormente por la de 20 años de prisión. Falleció en 1996 e incomprensiblemente se le organizó un funeral de Estado con la misma pomposidad con la que vivió.