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El cerebro tras las sombras en Caracas

bruce marzo 10, 2014 Comentarios desactivados en El cerebro tras las sombras en Caracas
El cerebro tras las sombras en Caracas

Miguel Rodríguez Torres está bajo los focos de la opinión pública venezolana desde abril de 2013, cuando el presidente Nicolás Maduro le nombró Ministro de Interior, Justicia y Paz.

Pero el verdadero poder que posee el ministro lo acumuló en las sombras, trabajando durante más de una década en los cuerpos de inteligencia del fallecido presidente Hugo Chávez. Es ese servicio le ha convertido en uno de los hombres fuertes del Gobierno de Caracas.

El general mayor Miguel Rodríguez Torres se define a sí mismo como un “soldado”, más que como miembro del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela. Tenía el rango de capitán el 4 de febrero de 1992, cuando participó en la intentona golpista comandada por el entonces teniente-coronel Hugo Chávez para derrocar al presidente Carlos Andrés Pérez en su segundo gobierno. Su misión era tomar la residencia presidencial de La Casona, en Caracas, donde esa madrugada estaban la primera dama, Blanca Rodríguez de Pérez, su hermana, una hija y dos de sus nietos pequeños. En el asalto murieron un agente de la Policía Municipal de Sucre y tres funcionarios de la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (Disip), la policía política que Rodríguez Torres pasaría a dirigir luego de que Hugo Chávez alcanzara finalmente el poder, en 1998, a través de elecciones.

Rodríguez Torres egresó de la Academia Militar de Venezuela en 1984. Fue dado de baja tras participar en el golpe 1992 y luego reincorporado a las filas del Ejército. Durante los primeros meses de la presidencia de Nicolás Maduro, fue ascendido al rango de “mayor general” y julio del año pasado su nombre sonaba entre los favoritos para ocupar el Ministerio de la Defensa. Maduro terminó por dejarlo al frente del Ministerio de Interiores, Justicia y Paz, que administra todos los cuerpos de seguridad del Estado, y al mismo tiempo, en el cargo de director del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin, antigua Disip), que ocupaba desde 2004, con algunas interrupciones.

Durante el primer año de gestión frente a la Disip, Rodríguez Torres dirigió las averiguaciones en torno a los ataques con bombas ocurridos en febrero de 2003 en las sedes de la Embajada de España y del Consulado de Colombia en Caracas. También dirigió las pesquisas en el caso “Daktari”, una finca ubicada en las afueras de la capital donde en mayo de 2004 fueron capturados 27 supuestos paramilitares colombianos que planeaban cometer un magnicidio, y que fueron deportados a Colombia después de pasar poco más de un año en prisión; por este caso fueron sentenciados tres militares venezolanos en 2005, que al año siguiente escaparon de prisión. Durante su Gobierno, Chávez denunció 68 supuestas conspiraciones para derrocarlo o matarle y buena parte de ellas fueron investigadas por Rodríguez Torres.

El 17 de junio de 2005, el presidente Chávez se vio obligado a destituir a Rodríguez Torres de la dirección de la Disip, en medio del gran escándalo que suscitó la fuga del narcotraficante colombiano José María Corredor Ibagué, alias “El Boyaco”, quien desde octubre 2004 estaba detenido en las celdas de la policía política. Rodríguez fue reemplazado por el coronel del Ejército Henry Rangel Silva, y ocupó cargos de bajo perfil en el Gobierno hasta que, 2008, fue nombrado director de la Academia Militar. El 20 julio de 2009, Chávez volvió a poner a Rodríguez Torres al frente de la policía política; en noviembre de ese año, el presidente ordenó la reestructuración del organismo, que a partir de entonces pasó a llamarse Sistema Bolivariano de Inteligencia (Sebin).

Rodríguez Torres asumió un perfil más público a partir de febrero de 2013, cuando participó en la última junta de Gobierno que, de acuerdo a la versión oficial, convocó Hugo Chávez desde su lecho de enfermo en el Hospital Militar de Caracas de Caracas. Al terminar la reunión –que habría durado cinco horas–, todos los participantes –menos Chávez—acompañaron a Nicolás Maduro en un aparición televisiva; estaban allí los dirigentes más poderosos del chavismo: el ministro de Petróleo y Minas y presidente de la petrolera Pdvsa, Rafael Ramírez; el entonces ministro de Ciencias y actual Vicepresidente, Jorge Arreaza, yerno del comandante fallecido; y Miguel Rodríguez Torres.

En enero de 2014, el ministro cedió la dirección de Sebin a un oficial de su confianza: el general de brigada del Ejército, Manuel Gregorio Bernal Martínez, quien participó en la intentona golpista del 4 de febrero de 1992 y desde julio de 2013 había sido el comandante de la Guardia de Honor Presidencial. Al cabo de un mes, Maduro destituyó a Bernal en medio de otro escándalo: cuando se determinó que un grupo de funcionarios del Sebin –entre los que se cuenta uno de los escoltas del ministro Rodríguez Torres—dispararon contra la manifestación que se llevó a cabo el 12 de febrero en Caracas y mataron a dos personas. El presidente Maduro dijo que los agentes habían desobedecido sus órdenes de “acuartelamiento” y nombró como reemplazo de Bernal a un militar asociado con el presidente de la Asamblea Nacional, el ex capitán Diosdado Cabello, a quien se le atribuye el control del ala militar del chavismo.

Rodríguez Torres, mientras tanto, sigue al mando del despacho de Interiores y a cargo del manejo de los planes de seguridad del país, que incluyen el control de las manifestaciones callejeras, incluso a través del uso de la fuerza. Él se declara un hombre leal, antes a Hugo Chávez y ahora a Nicolás Maduro. Y cuando se le pregunta si es una de las fichas militares de Diosdado Cabello, responde tajante: “¿Tú crees que yo soy un ajedrez, que soy una ficha? (…) Yo no soy ficha de nadie”.