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Los desplantes de los implantes mamarios

bruce enero 16, 2014 Comentarios desactivados en Los desplantes de los implantes mamarios
Los desplantes de los implantes mamarios

Con el correr de los años y la modernización de las técnicas quirúrgicas se han multiplicado las cirugías estéticas. Según el Estudio Global de Procedimientos de Cirugía Estética de la ISAPS(International Society of Aesthetic Plastic Surgery), realizado mediante encuestas a cirujanos, luego de la liposucción, la más popular es la de implante de prótesis mamarias.

Verse bellas y armónicas o proyectar una imagen más atractiva, en mi opinión, son las razones que impulsan a las mujeres a tomar la decisión de ingresar al quirófano para realizar la práctica “médico-esteticista” de moldear su busto.

Si bien los hombres somos receptores subsidiarios de los resultados de dicha operación (“hacerse las lolas” en el léxico coloquial argentino), son ellas las que buscan con el cambio de tamaño y forma de sus pechos una gratificación visual y un reverdecer de su autoestima.

De lo que no nos salvamos nosotros, en la mayoría de los casos, es de financiar la operación “Lolas nuevas”. Para que nos aumente el pánico —el del bolsillo—, según estuve revisando, podríamos (es una posibilidad latente) estar pagando hasta tres operaciones a lo largo de nuestra existencia en este mundo.

Se pueden presentar tres momentos cruciales, coincidentes con tres situaciones distintas del hombre en relación de la demandante de implantes. Para ello me serviré del caso de Ulises, un cliente que tuve hace muchos años, ya que describe perfectamente lo antedicho.

A Ulises un día se le aproximó su hija y con tono firme le pidió que para su cumpleaños de 15 le obsequie unos implantes mamarios. Al parecer ya otras amigas habían hecho la misma solicitud. La excusa de la jovencita para efectuar tal pedido es la misma que sostienen las mujeres adultas y tiene que ver con la relación que tienen con su figura y la autoestima.

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Recién ahora comienza a tratarse en algunos países una legislación que pondría límite a esta práctica quirúrgica a menores de 18 años, exceptuando los casos de cirugías reparadoras derivadas de un accidente o enfermedad.

Mientras no se promulgue una ley semejante, los padres de adolescentes estarán expuestos al requerimiento “urgente” de niñas acomplejadas. En el caso de Ulises, según me relatara, él accedió al pedido.

La segunda oportunidad en que Ulises debió reunir alrededor de 4 mil dólares (al parecer sería ese el costo de la operación) ocurrió unos meses después que Leticia, su esposa, dejara de amamantar al nuevo bebé. Leticia se presentó con una cara de triste, conmovedora y le expresó que luego de dar el pecho le habían quedado un par de “pasas de uva” en lugar de los pechos turgentes de otrora.

El esposo complaciente se enfrentó nuevamente con el desembolso para reconstruir el ánimo de una mujer.

El caballero en cuestión, que ya había invertido en su hija de 15 y luego en su mujer post lactancia, según su relato, un día se vio envuelto en una relación paralela con su secretaria, que aparte de ocasionarle su futuro divorcio le saldría más caro de lo que pensaba. Al cumplirse tres meses de aquel vínculo pecaminoso, la señorita le pidió que le regale una “pechera nueva”. Y Ulises sucumbió a la presión.

Hete aquí que el padre, el esposo y el galán infiel llegaron a una descapitalización más que importante. Me decía Ulises que no podía evitar pensar que si esto le hubiera sucedido hace 50 años —recién en 1962 tuvo lugar la primera cirugía de aumento del busto a la Sra. Timmie Jean Lindsey en Texas, EE.UU. — se habría ahorrado todo ese dinero y que seguramente lo hubiera utilizado con un fin distinto al que finalmente provocaría que hoy los hombres en la calle festejen el paso de la “delantera” de su hija, su esposa y su amante.